Poesías Aunque debuto como pintor y caricaturista, en los últimos años lo hemos visto crecer como escritor.
Dueño de una verborragica prosa cínica, tambien suele dedicar su pluma a la poesía. Aquí, algunos ejemplos. |
Historia
Cada uno tuvo su propia versión de la noche mientras aún llovía sobre el amor pero nadie -y alguien acentúa: nadie- supo cómo sabían las hojas la forma de su derrotero; nadie supo cómo sabían los sabores del fruto ni el porqué bondadoso de los ángeles no nacidos (vaya belleza estéril);
vaya el ansia del fabulador de cosas buenas y de cosa oculta a donde suena la voz de las multitudes: entréguese todo oídos todo manos todo silencio anónimo calle haga desespere.
Lo peor de todo
Lo peor es que nos perdimos todas las cosas pequeñas
una mirada larga y sin argumento el pelo mojado las valijas
no fuimos eslabones entrelazados en la vereda ni ropa sucia, ni limpia, ni "a vos qué te parece" ni "te dejo tranquilo, vengo después" no fuimos siquiera un pasado a recordar
el detalle, lo minúsculo, lo imperfecto la estadía, más allá de la arena, de la luna y esas cosas que se hacen verso infecundo y delator: petulante evidencia de no haber estado.
Vos y yo ni nos conocemos y nunca nos amamos -somos un lugar común de lo burgués desencontrado, un par de polvos en pedestal que parecieron gran cosa y perecieron- y vivimos muriendo en homenaje a lo no sido
el apuro la espera el niño la competencia el regreso el desafío de lo diario los miedos
los perdimos
para siempre.
Óleo sobre tela gruesa
Faltan menos de cinco minutos para el inicio
de la decadencia; sólo se escucha
un latido sin cadencia, una cadena sin ansias y el mucho precipicio -que clopclopea danzante- de que tal vez quizás en una de esas pueda ser posible que sea posible que una soga
sinuosa de látigo y milagro
definitivamente
caiga
como desarraigo como condena o rayo y sea
eléctrica oportunista la paz.
II
Mientras tanto por mí que por ahora siga el nervio azote flagelo empuje tentempié y el ojo abierto salado y la garganta carcelaria o el simún interminable encavernado que azota la costilla preguntando por qué y por qué.
yo estoy en otra cosa: siendo feliz donde no se note;
la mella de lo aparente no es cosa mía.
Un poema
Un poema, si es humano,
debería callar a tiempo, dicen;
ser discreto y sutil, y acariciar
con descuido,
despacito, como sobornando,
veloz como cae la lágrima
cuando es tibia, una risa inaudible
o un sabor
Pero qué hacer... amé
tan poco y tan mal
que no hay dulzor que inspire
las palabras: si son gemas
toscas o yemas que tocan
el aire con ilusión
en punto de fuga por el paso
ininterrumpido del destiempo
sino amar intrépido torpe
y a contratiempo
y sentir que la muerte
también se inventa.
Pudiera
Podría, si quisiera,
explicar este poema
-sí, desbrozarlo-
paso a paso y palmo a palmo
y hablaría, quizá, de amor
de desencuentro
del nombre que no nombro:
tantas cosas ya sabidas;
como licencia,
del pelo lacio bebido
o de la flor que no será
nada nuevo...
pero es mejor callar a los gritos
y dejarlo que suceda,
como corresponde:
de arriba hacia abajo
desde dentro hacia adentro;
que duela y dé cosquillas
y se acomode entre los huesos
como quien quiere quedarse
o, no sé,
que se sumerja en un fuego
repentino y abismos
de sangre y hielo;
nunca se sabe...
Y así vamos.
Sea como sea, ya está:
quien lo leyó, nada sabe;
quien lo bebió, todo entiende:
que estoy desnudo
y no pido paz.
Para qué
Es que si te olvidara,
qué escribo...?
No tendría nombre que callar, ni excusas
para esta huida continua.
Estaría en paz, sí, como una planta
(e igualmente mudo);
sería libre y sin dolor: una roca,
pero a qué precio.
Así que ni pienses que te olvide:
prefiero que te me herrumbres por dentro;
cuanto más dolorosa, mejor,
y que cada navidad me vuelvas
-o año nuevo, o reyes,
o cualquier cosa que tenga tiempo-
a recordar cómo se muere.
Ni olvido ni perdón,
ni justicia ni nostalgia:
Vos.
Al final
No tiene mucho sentido
desestrechar por un segundo el cañaveral
para emitir una palabra que se parece a un eco
de lata, o de pájaro, o de persona.
No tiene sentido
asomar la nariz por entre las paredes
del silencio para saludar
a un espejo que mueve la mano
y emite fonemas, multiplicado,
No tienen sentido
los maniquíes con nombre:
agonistas secundarios que prometen,
amigos que resbalan en el tiempo
apiñados -por miedo- en torno a una excusa;
cada vez más yéndose,
ni tiene sentido el viento,
o algunas cosas
que hacen como que regocijan
o abundan en cosquilla.
Sin embargo
por desgana o sospecha sin fundamento
se desgrana
un hombre que, de bruces,
camina imperfecto inacabado
inempezado
y a veces ríe
muy fuerte, cual si tuviera existencia.
Por eso
Como no tengo
mucho que hacer,
ni para esperar, ni nada
que perder, deposito
remaduras de tristeza;
letra por letra
signo el signo: rubrico
las señales delebles
de lo que nunca termina
en la cara sucia y el peor costado
de los bordes que habitan el margen
de un trozo de algo
que pareció tener vida
y que cae, cae
-Y lo que pasa, por fortuna,
pasa; menos ese suspiro
que precipita el final
de la génesis del llanto-:
un velatorio menudo
de lo imposible.
Aunque soy esa letra y esa gota
y acontezco
mientras puedo,
no siempre a mi pesar
sonrío sombrío.
VOY
En un entramado de fauces busco hambriento quien hable al oído, dos palabras.
en una boca de aire ahora caverna gruta de sal silencio grito buceo una perla carmín: ahí está: bastidor de labios promesa
hurgo húmedo zambullo muero venero río feliz profundo mañana largo lamo soy desaparezco Nirvana suspiro /no future/ rezo amplio caoba pétalo aplauso pálpito marino erizo péndulo de sangre amanece intuyo
tuyo nazco eterno penetro muero amo y no sé ni por qué ni si estuve ni a quién
canto miro escribo escapo
carcajada feroz: miente la vida.
Dónde
¿Dónde moran las lágrimas no lloradas?
¿donde lagrimean las moras aún no maduras?
¿Dónde madura la lágrima demorada?
¿donde se viste de morado
la gota más dura? ¿Cuánto
dura la vista del amante moroso?
En el fondo del párpado, tal vez.
Hasta el abandono.
Cuando se hace sangre la copa más alta
de un verso que -por triste-
no estuvo escrito, pero decía
que no es el amor
sino lo que no queda.
Impronto
Ay, hoy
se ramifica la memoria desde dentro
del pulmón golpeando en ríos
de sangre vieja hasta la sien y se estanca, se embarranca,
se acatarata en el medio
del miedo ¿al pasado, tal vez? pisado que pisa
recuerdo ventarrón para volcarse
violento volviendo -que ahoga-: morir otra vez. Una risa
cruel invidente y sin camino, burla incisiva
de mi sismo. Casi
se me aparecen dos ojos: lloré
como conjuro y marchaste
sacudida que pasa. Pero el aire
hace que fuera invierno y que yo una casa
de puerta frágil entornada contra el tornado
frío del más allá, que tantea.
Simulo que no estoy, con tanta fuerza...
Nosotros
Yo, el equidistante
narciso desperfumado mirón que sin embargo;
vos, la resbalosa cría culposa
de espalda cristal, que se va por las dudas,
mirada que horada y mano lunar de infante; vos
toda cintura ternura que acompleja
y paredón de hielo, por si acaso.
Yo, Quasimodo de malos modos: primitivo, gris, superficie.
Vos, implacable como una aguja, neurona incisiva y canina
que a veces sonríe.
Y en el medio,
nada
más
que electricidad perdida.
Qué pena, el destino
cuánta justicia...
Si al menos
...Si por la memoria me redimiera o por lo vivido fuese feliz... pero ni eso; ni alma ni fuerte ni gloria ni abandono
sino la escoria del encono
vidrio verde y frío; esmeralda que roe, amar y mal llanto soso de sal
vivir sin ganas:
me deslizo en cada respiro y no soporto a los elementales.
Mal día
Hoy que nada me remedia; ni las grafías ni las gafas, ni el amor ni las neuronas, no quiero pena ni piedad
detesto el concepto, la rosa, el equilibrio, mi nombre, el olor a menta y la pasión de Cristo
que se vayan los amigos, que fallezcan las amantes que alguien diga mierda con fervor cual si fuera Barcelona que me sangre la nariz o me ataque la memoria sin rendición,
que si tengo alma se me quiebre; quiero fiebre y furia colores salados y este aroma a mendigo con hambre de muerte
sin descanso hoy no quiero ser fuerte ni bueno; que me amen, eso digo.
Ternura cruel
Fue por amor –y no alcancé a decirle-
que mordí la memoria;
voraz y apasionado,
ciego caníbal.
pero me río, y ya no la tengo.
Fue por fiebre y devoción
que seguí olvidando, más allá
de la laringe, hasta que no tuve
más qué negar, y seguí adelante. Ahora
me quedan
mis propias manos
para escribirle,
antes del desafuero:
“Cuánto te quise”
sin que lo entienda.
Sin embargo
Pero hay una risa que no es hueca ni muda ni esta mueca poblada de espanto un lapso sutil, un lazo quebranto de una brisa y lágrima sabia de incertidumbre Un brazo Suave, dorado el mimbre Suena Hay una, y muchas Risas Pero una en especial Que no recuerdo, Pero sé que está ahí.
Hoy no más
Hoy no me quedo con el cepo cruel de la histeria ni acepto la promesa del goce muerto de antemano; quiero cristales y campanas nieve y fuego salinas como mar y un color inmenso: turquesa o nada.
Quiero más.
O menos; es igual.
Pero no la mitad de una parte de un trozo de algo que no es ni nada parecido a lo similar que se emparente a lo semejante. Ya no me sirven
tus manos duras ni tu puro corteza: No quiero la certeza gris del amar falaz;
prefiero el llano o el cielo río o azúcar paraíso u ombligo soga o abismo sin sedas: Amor o muerte, Llegada o adiós. Todo o nada.
Despedida
Ya no sufro y por lo tanto me abstengo de poemar: pueden comprobarlo en estas losas. una brillante sonrisa -envidia de los malvados- será mi bienvenida y mi adiós, y una lápida que reza: "Enseguida vuelvo", mi última gracia.
hay una
Hay una mujer trozada
en forma de paloma: las alas,
el pico, una forma
general de letra ese, la mullida
blandura de almohada
que late rosácea y un aire
como de otro mundo, de fondo
al que no se llega, y unas ganas
de no preguntar
y seguir mirando
de por vida: tu vuelo
y el descanso
runrún en días de gloria.
Tanto que hoy mansamente
podría morir
como si tal cosa.
Hay una mujer atravesada
por el agua
por el vidrio
por el aire; llena
de horizonte, apenas
si una mano balbucea.
Fracasa en la huida,
triunfa la herida
repitente y el tropiezo
ríe varonil.
Hay una historia
con voz de mujer
que alguna vez sonó como ave
y navegaba como barcaza:
es la mano
que se hizo un ala,
el contorno, transparencia
y círculo
cerrado entre cielo y tierra
sin tierra en la tierra
y que hoy apenas
si balbucea.
Hay un día
en que mueren los cadáveres
acostumbrados y nace un inmenso
deseo intenso de no verme.
y de no mirarte
planear así errabunda.
Hay un hombre
con cara de tipo que hace cosas
y una mujer que se mira
y se ve invisible
el destino los atraviesa
y ambos saben que van a morir.
Y se mueren
y es todo lo que pasa.
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